El museo es demasiado frío para la calidez del arte. Las obras cuelgan, silenciosas, mientras los hombres de seguridad controlan. Ahí, el juicio del gusto no podría ser más que desinteresado, como lo quería Kant. Los museos, entonces, son kantianos aun cuando sean vitales sus obras. La vuelta del malon de Della Valle es el índice de una tormenta que, mientras más nos acercamos a ella, una voz electrónica en el recinto nos dice: “Por favor no se acerque a la obra, Please do not approach to the work”.
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